Emprender es asumir riesgos financieros, mercantiles y jurídicos. Hay áreas de riesgo jurídico conocidas desde hace años, como la prevención de riesgos laborales, y otras más recientes, pero que cuentan ya con cobertura, como la protección de datos.

Y hay un área de reciente aparición: la evaluación y prevención de riesgos penales en la empresa, fruto de la reforma del Código Penal que recoge que las personas jurídicas serán penalmente responsables de los delitos que cometan sus empleados cuando no pueda individualizarse la responsabilidad de los mismos o no pueda dirigirse el procedimiento contra ellos.

Hay que tener en cuenta, además, que los riesgos jurídicos de cualquier actividad empresarial aumentan:

  • Si gana tamaño (ampliación de plantillas, de redes comerciales y mercados…).
  • Si opera en sectores particularmente sensibles (medio ambiente, salud, educación, crédito, defensa…).
  • Si diversifica su actividad (incremento de servicios, de la subcontratación…).
  • Si apuesta por la internacionalización.

Se hace necesario institucionalizar en la empresa una cultura de trabajo que delimite la responsabilidad jurídica de cada uno de los intervinientes en los procesos para identificar al responsable de la comisión del posible delito y salvaguardar la integridad de la organización.